"¿Cómo sabrás si las aves que recorren los caminos del cielo son un inmenso mundo de deleite, cercado como estás por tus cinco sentidos?"
William Blake. El matrimonio del Cielo y el Infierno (1790). Trad. Jordi Doce

jueves, 18 de junio de 2015

SUEÑO Y VIGILIA EN LA MADRUGADA DEL 18 DE JUNIO DE 2015

Abrí los ojos a la noche e inmediatamente mi mirada fue arrastrada por una llamarada azul de tonos centelleantes que se manifestaba a cierta altura sobre los pies de la cama en la que me encontraba tumbado. Era de tal entidad que atrapó todo mi ser en una especie de delirio de terror y fascinación. En realidad no podría definirlo en absoluto. Era esa probablemente la más sublime y aterradora de sus cualidades. Algo que hacía que sintiera la existencia con una intensidad difícil de soportar. Algo, allí, en mi dormitorio, que no podía identificar con nada, que no era semejante a ninguna otra cosa, que pertenecía palpablemente a un ámbito ajeno a lo cotidiano. Afortunadamente, la visión se mantuvo un lapso de tiempo muy breve, unos segundos tan solo. Después sobre el techo del dormitorio tan sólo quedó el recorte de luz que desde las farolas de la calle se filtraba a través de las láminas del estore. Para mi tranquilidad aquella luz había dejado de ser aterradora. Pero para mi desazón también había dejado de ser fascinante.

Fernando R. Durán