"¿Cómo sabrás si las aves que recorren los caminos del cielo son un inmenso mundo de deleite, cercado como estás por tus cinco sentidos?"
William Blake. El matrimonio del Cielo y el Infierno (1790). Trad. Jordi Doce

lunes, 20 de julio de 2015

BLANCO DE LUNA

Si alquien nos pidiese que asociásemos un color con la luna la mayoría de nosotros elegiría el blanco. Seguramente esto y su fulgor en la noche fue lo que hizo que los alquimistas asociaran a la Luna con la plata. Sin embargo como todo el mundo ha podido comprobar en uno u otro momento el disco de nuestro satélite aparece manchado con zonas más oscuras, que uno diría son grises, y que jugando con la imaginación han originado historias como las de la cara en la luna o el conejo en la luna. Imperfecciones en un espejo de plata. Pues parece que no. Resulta que la luna si tiene color, aunque tan sútil y tan deslumbrado que es muy difícil de apreciar a simple vista. Digamos que hay zonas más azuladas y zonas más rojizas. El origen de estos colores parece encontrarse en diferencias del terreno en cuanto a composición química. Las regiones más rojizas parecen ser ricas en óxido de hierro (FeO) mientras que en las más azuladas tenemos gran abundancia de dióxido de titanio (TiO2). De hecho parece ser que la abundancia de los elementos químicos en la luna es muy similar a la terrestre excepto que es más rica precisamente en hierro y titanio. Así que la luna tiene poco que ver con la plata y si queremos relacionarla con un elemento lo natural sería pensar o bien en el hierro o bien en el titanio.


Bocetos de la Luna. Galileo Galilei. 1609

 Tradicionalmente el hierro siempre ha estado asociado con Marte y las sucesivas observaciones del planeta han ido corroborando lo acertado de esta asociación dado que el óxido de hierro es muy abundante en su superficie y responsable de su distintivo color rojizo. De hecho, siguiendo la tradición alquímica los pintores hace ya tiempo que tenemos memoria de Marte en nuestra paleta con colores como el negro Marte, el rojo Marte, el pardo Marte, el amarillo Marte y el violeta Marte, todas ellas pinturas elaboradas con pigmentos basados en el óxido de hierro, que como ya hemos dicho es muy abundante en el planeta rojo y responsable de su color. Es curioso, porque de hecho se trata del único planeta homenajeado de tal manera. El planeta asociado con la violencia, los conflictos y en definitiva con la sangre y la guerra. Sin duda por estos motivos se le ha prestado tanta atención y se le han concedido tantos honores. Tristemente no hay ni rastro en nuestra paleta de Mercurio, ni de Venus, ni de Júpiter, ni de Saturno... ni de ningún otro planeta o cuerpo celeste, ni siquiera del Sol ni de la Luna. Tengo la voluntad, al menos en lo que respecta a mi ámbito personal, de cambiar esta situación. Quiero que haya algo más que violencia en mi selección de colores. Dicho lo cual vuelvo a la Luna y a su superabundancia en hierro y titanio. Obviamente asociarla con el hierro sería echarnos de nuevo en brazos de Marte. Sólo nos queda el titanio. Y he aqui que uno de los pigmentos más ampliamente empleados hoy en día en la pintura artística es el blanco de titanio. Este pigmento está compuesto tan solo por dióxido de titanio que recordemos es muy abundante en la Luna y confiere al terreno un cierto matiz azul. Pues bien, ¿por qué no homenajear a nuestra hermana cósmica rebautizando al blanco de titanio como blanco Luna?

Fernando R. Durán